Guacamaya azul y amarilla (Ara ararauna) - Aves exóticas | Mascotas

    Publicado por Mascotas | 19 noviembre 2011

    - Ara ararauna

    Guacamaya azul y amarilla

    La Guacamaya azul y amarilla (Ara ararauna) habita principalmente en selva y algunas en áreas abiertas con árboles grandes y palmeras, a 500 m. Andan en parejas o grupos familiares, en algunos casos en bandadas medianas. Anidan entre diciembre y mayo, en troncos de palmas muertas.

    Su distribución es variada y discontinua: Oriente de Panamá y norte de Colombia Amazonía desde Venezuela, Guyanas, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, hasta norte de Argentina y Paraguay y en el occidente de Ecuador.

    En el siglo XV y con toda probabilidad hasta fines de siglo XIX su área de distribución abarcaba prácticamente toda la cuenca del Caribe.

    Blue-and-yellow Macaw (inglés), Guacamayo, Guacamaya azul, Papagayo, Guacamaya pechiamarilla (Col.), Guacamaya azuliamarillo o Guacamayo pecho amarillo (Ecu.), Paraba azul (Bol.), Canindé (Guarayo), Ararakáng (Guaraní).

    Grande (71-90 cm.) y de cola larga. Inconfundible y vistosa coloración azul ultramarino por encima, y amarillo dorado por debajo desde lados de la cara, vientre, alas hasta la cola, garganta con línea negra y área desnuda en la cabeza con línea de plumas negra. Los juveniles tienen las alas y la cola café-grisácea y ojos pardos.

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    Se alimentan de fuertes semillas y frutos de las palmeras que están cerca de los morichales, caños y ríos.

    Son monógamos y generalmente forman una pareja a lo largo de sus vidas. Anida en el hueco de un árbol y la hembra generalmente pone dos o tres huevos que incuba durante unos 28 días, los polluelos abandonan el nido a los 90 días después del nacimiento.

    No considerada como amenazada, aunque es apreciada como ave de jaula, y sus poblaciones están disminuyendo y varias están ya extintas, incluyendo la de Trinidad.

    Una investigación de la UN indica que la extracción de pichones de guacamaya azul y amarilla, en el Amazonas, supera el 26%, lo que lleva a la sobreexplotación de la especie.

    “Si una población ya está siendo sobreexplotada, cualquier tasa y tipo de extracción tendría graves efectos sobre su viabilidad y podría llevarla rápidamente a la extinción. La extracción de adultos, aún en poblaciones sanas, es aún más crítica pues una tasa del 3% ya produce disminuciones poblacionales, y si están siendo sometidas simultáneamente a extracción de pichones y adultos, las tasas de caza no deben superar el 1% o 2% para que no haya riesgo de extinción”, explican Esteban Carrillo y Diego Fernando Builes Puertas, autores de la investigación.

    Los géneros Amazona (loras) y Ara (guacamayas) son especialmente vulnerables, debido a factores como sus bajas tasas reproductivas, baja supervivencia de pichones, edad tardía de la primera reproducción, amplia proporción de adultos no reproductivos y requerimientos específicos para la construcción de nidos. A esto se suma que son los dos géneros más apetecidos como mascotas, y cuya extracción genera mayores “ganancias” económicas a los cazadores locales.

    En particular, la guacamaya azuliamarillo (Ara ararauna), que se distribuye en los bosques de tierras bajas desde Panamá hasta el centro de Bolivia y el sureste de Brasil, es común, pero disminuye de acuerdo a la actividad humana y ya se han registrado extinciones locales.

    El análisis de sensibilidad en el escenario de cacería de adultos para artesanías muestra que este tipo de extracción puede tener profundos efectos. A través de un programa de modelamiento, se determinó que con solo extraer el 3% de los adultos, la tasa de crecimiento se vuelve negativa, con extraer el 8% de los adultos comienza a haber probabilidades de extinción, y con tasas de extracción iguales o mayores al 10%, la probabilidad de extinción de la población en los siguientes 100 años oscila entre 52% y 100%.

    Los investigadores advierten que la única forma de extracción sostenible es la cacería de subsistencia, que se realiza con la finalidad de obtener proteína animal o subproductos de caza para satisfacer las necesidades de grupos humanos ligados a zonas rurales. Así mismo, urgen para que las tasas de caza de pichones sean disminuidas por debajo del 10%, a fin de no afectar la viabilidad poblacional.

    “La recomendación que hacemos es que se establezcan áreas protegidas que incluyan sus lugares importantes de anidación y alimentación como los salados y los cananguchales, así como incluir la especie en el Apéndice I de Cites y prohibir completamente su comercio hasta que se realicen los estudios y Análisis de Viabilidad Poblacional (PVA, por sus siglas en inglés), que establecen las tasas y formas de extracción sostenibles”, concluyen los investigadores.

    (Por: Fin/pbs/feb/vbr) – agenciadenoticias.unal.edu.co

    Guacamaya azul y amarilla (Ara ararauna)

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