Siamés

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Es una de las razas de gato más fácilmente reconocibles. Su patrón de pelaje de puntas se originó como mutación en Asia al menos hace quinientos años. No se sabe si este patrón estaba muy extendido, pero se ha asociado más con el Lejano Oriente y especialmente Tailandia. Estos gatos se criaban en las familias reales y en templos. Más tarde, fueron admirados por los visitantes extranjeros y a finales del siglo XIX llegaron a Occidente.

Al principio se conocía el gato de Oriente, tanto de puntas como de color, como el siamés, pero el nombre siempre se relacionó más estrechamente con el tipo de puntas de ojos azules clásico. En la década de 1920 se decidió que solo los gatos que tenían este patrón se podrían llamar siameses, y los gatos uniformes al final se llamaron de pelo corto orientales. Los gatos siameses de vez en cuando también producían gatitos de pelo largo, y estos se han desarrollado en el balines.

El aspecto e identidad del siamés siguen siendo una cuestión disputada. A lo largo de los años, el siamés progresivamente se ha vuelto más deshuesado y alargado, con una cabeza en forma de cuña más acentuada, especialmente en Norteamérica. Algunos criadores, sin embargo, conservan el tipo más antiguo, que tiene una complexión más fuerte y una cabeza redonda o de «manzana». En cuanto al color, los registros más conservadores reconocen solo a los de puntas negras (llamado foca), chocolate, azules y lilas; los colores orientales tradicionales, rojo, crema, así como los de puntas tortuga y atigrado se aceptan como siameses en Europa, pero se llaman de corto de puntas de color en Norteamérica. Cualesquiera que sean sus colores y nombres, todos estos gatos comparten el temperamento siamés típico de extrovertido, juguetón, parlanchín, que desea atención y compañía. No es un gato solitario, pero necesita un propietario atento u otra compañía felina, y a poder ser los dos.

Guía visual de gatos, Dr Bruce Fogle

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